25 años de Nuestra Diócesis de Caldas, septiembre de 2011

Carta Pastoral de Mons. José, dirigida a las Instituciones y comunidad en general con motivo de los 25 años de Nuestra Diócesis de Caldas, septiembre de 2011

25 años Dióces de Caldas

Como todos y todas la debimos leer, destaco algunas cosas que me parecen importantes para nuestra historia:

La diócesis tiene 1.414 km2 y una población de 230.000 habitantes.

Está situada en 11 municipios, tiene 26 parroquias y un centro de culto, La Albania. Están organizadas en 5 vicarías (grupo de parroquias vecinas): Caldas, Santa Bárbara, Fredonia, Amagá, Armenia. Al comenzar la diócesis eran 20 parroquias y 28 sacerdotes, han sido creadas 6: Jesús Nazareno, en Camilo C (Amagá), La Sagrada Familia, en Caldas, barrio Mandalay, Santa Ana, en Damasco (Santa Bárbara); Santísima Trinidad, en Caldas; en Pueblito, N.S del Perpetuo Socorro (Armenia), en La Tablaza, María Estrella de la Nueva Evangelización (La Estrella).

En este momento trabajamos en la diócesis 51 sacerdotes, 2 estudian en Roma Teología Biblica, Catequesis y pastoral juvenil. 11 prestan un servicio misionero en Colombia y en otros países.

Sacerdotes ordenados en la diócesis: 50

Sacerdotes que han hecho todo el proceso de formación en el Seminario de La Santa Cruz: 21.

Y Dios sigue pasando. El obispo José termina su carta pastoral hablándonos de la diócesis que queremos. Toma como referente Hch. 2,42: Nos dice, “Tengamos en cuenta estas características de las primeras comunidades y ojalá las pongamos en práctica:

  1. La verdadera fe es lo que lo impacta a uno de tal manera que lo lleva a cambiar de vida. Creer en Jesucristo, es cambiar de vida, llenarse de amor, de ilusión, de esperanza, de compromiso con el bien de los demás.
  2. Los creyentes se reunían alrededor de la Palabra y la Eucaristía. Si bien los primeros cristianos también oraban por la salud, y al principio se obraban milagros, era para hacer sentir viva la presencia de Dios y dar apoyo a la evangelización, como obra de Dios, no para colocar a los fieles alrededor de ciertas personas. Los cristianos no vivían pendientes de los que sacaban espíritus, ni de los que hacían sanaciones, ni vivían pendientes de imponer las manos. A la misma Virgen María, no la buscaban sobre todo para pedirle favores, sino para que les ayudara en su encuentro con Jesús. Por eso, no debemos exagerar las devociones que tenemos sino recordar siempre que la centralidad de nuestra fe debe estar en la Palabra de Dios, la Eucaristía, la comunidad y la vida de oración.
  3. La comunidad tenía una importancia grandísima y por eso queremos destacar esa importancia en nuestras pequeñas comunidades. Entre nosotros la pequeña comunidad juega un papel fundamental, pues allí es donde vivimos y alimentamos mejor nuestra conversión, y unidos podemos realizar un trabajo apostólico, serio y comprometido en una gran solidaridad para poder llegar a los demás.
  4. Finalmente, hagamos de la oración permanente la manifestación de la presencia continua del Espíritu Santo entre nosotros. “Todo con oración y nada sin oración”. Ella nos hace sentir la acción del Señor en nuestro apostolado.”