Un vistazo a la historia Diocesana

Un vistazo a la historia Diocesana

Historia

El Papa Juan Pablo II, cuando comenzó el nuevo milenio escribió una Carta Apostólica, en la que nos invitaba siguiendo el ejemplo de Jesús con el apóstol Pedro a “remar mar adentro” para pescar. Pedro y los primeros compañeros confiaron en la palabra de Cristo y echaron las redes. “Y habiéndolo hecho, recogieron una cantidad enorme de peces” (Lc 5,6).

Siguiendo al Papa también esta frase “remen mar adentro”, resuena para nosotros participantes en esta Octava Asamblea diocesana y nos invita a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a abrirnos con confianza al futuro: Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre” (Hb 13,8)

“Y Dios sigue pasando”

A través de esta expresión quiero hacer la lectura del pasado, el presente y el futuro de nuestra Diócesis. La planteo como una clave que conduzca nuestra mirada a la acción permanente de Dios en la historia y en la vida de cada uno. Es el reto que tenemos de hacer una lectura teológica de cada uno de los acontecimientos para participar personal y comunitariamente en el acontecer de Dios en medio de nosotros.

Recordemos con gratitud nuestro pasado:

Hicimos parte de la arquidiócesis de Medellín. El crecimiento acelerado de la ciudad desde mediados del siglo pasado repercutió negativamente en las zonas rurales, tanto en el Norte como en el Sur. Las parroquias de los pueblos vieron reducido el número de sus sacerdotes y la pastoral se enfocaba sólo desde la problemática urbana. A los pastores les quedaba poco tiempo para visitarnos y sus múltiples obligaciones al servicio de la Iglesia universal como en el caso del cardenal López Trujillo, lo llevaban a vivir en otro mundo. Por eso, un paso significativo de Dios por nuestras tierras antioqueñas fue la creación de las diócesis de Apartadó, Girardota y Caldas.

Sin duda alguna, el Señor “estuvo grande con nosotros y nosotras” cuando nos llegó el primer Obispo Monseñor Germán García Isaza, el 14 de agosto de 1988. Significó el comienzo de la construcción de un rostro nuevo de Iglesia, “La búsqueda del rostro propio de la nueva diócesis”, según sus propias palabras. Esos primeros años estuvieron llenos de creatividad, de entusiasmo y valentía para resolver en comunión con el Obispo las necesidades y retos que iban apareciendo en esta nueva diócesis en su mayoría rural. El escudo y el lema diocesano son una creación colectiva en la que participamos muchos con ideas, sugerencias, propuestas. Sus elementos: Jesucristo simbolizado en la cruz, la Palabra de Dios en el libro abierto, el escudo de la Virgen de Las Mercedes, patrona de la Catedral y de la Diócesis, el cayado y la pica, instrumentos del pastor, del minero y el campesino, la rama de café, fuente de trabajo. El lema tomado de las palabras de Jesús: “Para que tengan vida” (Juan 10,10).

Todo esto nos habla de una Iglesia que quería nacer y crecer, con los pies en la tierra, llamada a iluminar la realidad con la persona de Jesús quien nos ofrece sentido para la vida, en otras palabras, participación en el Reino de Dios aquí y ahora.