Compartiendo, le hacemos reinar

“Los Magos se pusieron en camino; y fíjense: la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. ¡Qué alegría más grande: habían visto otra vez la estrella! Al entrar a la casa vieron al niño con María, su madre; se arrodillaron y le adoraron. Abrieron después sus cofres y le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra”. (Mateo 2, 9b -11).

El evangelista Mateo nos narra un episodio en torno al nacimiento de Jesús, que sin duda, enternece el corazón de todo el que con fe, espera la llegada de Jesús en la noche de la Navidad.

El Hijo de Dios, aquel que no encontró ni una sola posada donde pasar la noche, recibió una visita especial: los Sabios de oriente, y con ellos unas ofrendas rendidas a sus pies. Qué sorpresa para María y para José, después de sentir el frío de tantas puertas que se cerraban a su paso, el cálido saludo de estos hombres, que a pesar de ser extranjeros, creían profundamente que la promesa estaba siendo cumplida.

Qué satisfacción para los sabios despojarse de sí para colaborar en la obra del Salvador, para engalanar con su ofrenda, al Príncipe de la paz. Al igual que ellos, nosotros también tenemos la oportunidad de buscar la estrella, de salir al encuentro del sol que nace de lo alto, para darle algo de lo que él mismo nos regala. Cuando compartimos con los necesitados, lo estamos haciendo con él, «En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.» (Mateo 40,25).

La Iglesia nos invita a aportar como fieles a la obra evangelizadora de Jesús a través del diezmo, una ofrenda que llevamos a la parroquia y que en la Diócesis de Caldas, está destinada para sostener la pastoral, es decir para la evangelización de nuestros pueblos.

Que en estos días, donde la sociedad de consumo nos presenta tantos excesos en los gastos, podamos al igual que los Sabios de oriente, priorizar la ofrenda para Dios y para su obra, y a través del diezmo, hacer reinar al Niño del pesebre, también en nuestra economía.

“Cada uno dé según lo que decidió personalmente, y no de mala gana o a la fuerza, pues Dios ama al que da con corazón alegre.” (2 de Corintios 9,7).