¿Qué es ser antioqueño?

Acabamos de celebrar los 207 años de la declaración de la Independencia de Antioquia, recordando el año de 1813 cuando se firmó el acta de independencia del Estado de Antioquia y, como cada 11 de agosto, es una fecha donde también celebramos y reflexionamos sobre la antioqueñidad, un concepto que conviene revisar a la luz de los nuevos tiempos. ¿Qué es ser antioqueño, más allá de un paradigma o de una caricatura?

La antioqueñidad es una autodefinición que hacemos los antioqueños como condición de pertenencia a un territorio, y se ha entendido como una serie de rasgos y modos de ser que, se supone, caracterizan a los hombres y mujeres de estas tierras. Desde la época de la Colonia se empezó a configurar la identidad antioqueña desde el imaginario de una raza especial, superior a los demás; y así, cuando se hablaba del antioqueño, se hacía referencia a un hombre de raza blanca, descendiente de europeos, campesino, católico y con un fuerte arraigo por su familia, lo que desconocía, en principio, las diferencias raciales y esos otros modos de ser antioqueño. ¿Qué pasaba entonces con los antioqueños de la costa de Urabá (región que se incorporó al departamento en 1905) o de las tierras bajas del Cauca y del Magdalena Medio? Simplemente quedaban invisibilizados frente al arquetipo del antioqueño de la montaña, de ese “montañero” que se abrió paso entre las trochas y fundó pueblos y ciudades en el Oriente, el Suroeste y el Occidente del departamento.

No hay un solo modo de ser antioqueño porque Antioquia es pluriétnica, multicultural y diversa. Todavía en las escuelas y barrios se celebra y representa la antioqueñidad con elementos que se atribuyen a la identidad paisa como el poncho, el carriel, las flores, los fríjoles y la arepa, que sin lugar a dudas todos apreciamos, pero que dejan de lado otros trajes típicos, otras danzas, otras músicas y otras gastronomías de origen africano e indígena que también nutren el territorio que llamamos Antioquia.

Si hablamos de valores y modos de ser, se dice que el antioqueño de antes era pacífico, trabajador, colonizador y conservador; y que sus deseos por conseguir plata en algún momento se deformaron por fenómenos como el narcotráfico que permearon a toda la sociedad. Entonces pasamos del antioqueño pujante y laborioso al antioqueño corrompido por el dinero fácil que, por supuesto, la mayoría hoy rechazamos.

La nueva antioqueñidad debería alejarse de los estereotipos y las visiones idealizadas del pasado, y redefinirse a partir de lo que somos en el presente y deseamos para el futuro. Debe escapar de la mirada homogénea y acoger la diversidad de mestizajes como parte de la esencia antioqueña. Ese “orgullo paisa” que sentimos debe servir no para excluir a los otros, sino para tener relaciones más armónicas con los otros, con las diferentes formas de habitar y trabajar la tierra y con la relación con los ecosistemas naturales.

La antioqueñidad no es un concepto que se agota en arquetipos del pasado sino que es una realidad viva con múltiples modos de ser y habitar, y está en constante transformación. Sin duda, un tema apasionante, con nutrida bibliografía, para ahondar en él. Las siguientes son lecturas recomendadas:

– “El canto del antioqueño” de Epifanio Mejía

– “Geografía general y compendio histórico del Estado de Antioquia en Colombia” de Manuel Uribe Ángel

– “Frutos de mi tierra” de Tomás Carrasquilla

– “La revolución radical en Antioquia 1880” de Jorge Isaacs

– “Hojas de tinta” de Luis Tejada

– “La colonización antioqueña: una empresa de caminos” de Eduardo Santa

– “Memoria sobre el cultivo de maíz” en Antioquia de Gregorio Gutiérrez

– Poema “Montañas I” de José Manuel Arango

– Cuento “Que pase el aserrador” de Jesús del Corral

– “La casa de las dos palmas” de Manuel Mejía Vallejo

– “Nosotros: un trabajo sobre los artistas antioqueños” de Felix Ángel

– “Valores, representaciones y capital social en Antioquia 2013”, de autores varios.

– “Qué es ser antioqueño” de Pedro Adrián Zuluaga

Por: Sebastián Trujillo Osorio